28-6-2011
SILENCIO ESTRIDENTE Egon Friedler – Periodista
Por tercera vez desde que empezaron las manifestaciones de protesta contra su régimen, el presidente de Siria, Bashar Assad, se dirigió a su pueblo y por tercera vez no convenció a nadie. Las manifestaciones de apoyo al régimen en algunas ciudades luego del discurso fueron contrabalanceadas por expresiones masivas de repudio en otras. La prensa internacional coincidió en su escepticismo. En «The Guardian» londinense un blogger sirio, Issandr el Amrani, tituló su comentario «El discurso de Assad solo ofrece confusión», y el «Neue Zürcher Zeitung» suizo, considerado por muchos el mejor diario en idioma alemán, definió la alocución presidencial como «Promesas de reformas en lenguaje vago y verborrágico».
El problema es que en esta etapa de la crisis de la legitimidad del gobierno sirio los hechos son demasiado elocuentes como para ser tapados con meras promesas. Los grupos de derechos humanos hablan de 1.300 civiles muertos, 10.500 exilados y 10.000 detenidos, pero según funcionarios turcos de ayuda citados por el «Washington Times» (20 de junio) ya hay 30.000 refugiados en los campos establecidos en la frontera sirio-turca. El mismo funcionario expresó el temor de que el número de refugiados llegue a los centenares de miles. El terror de la población civil ante la crueldad de los soldados del régimen es comprensible.
Parece que en la ciudad de Jisr al Shughur, donde ya se descubrieron fosas comunes, la represión fue implacable, para no hablar de las torturas a que son sometidos los activistas de la oposición en las cárceles sirias.
¿Qué dice el mundo árabe frente a esta tragedia? Esta vez hasta hay árabes preocupados por este silencio ensordecedor que contrasta con el ruido causado hace pocos años por unas inofensivas caricaturas del profeta Mahoma. En el diario panárabe de Londres «Asharq Alawsat» el periodista Mshari Al-Zaydi se pregunta: «¿Por qué este silencio?» Luego de señalar la diferencia de actitud de los árabes hacia Siria y hacia Libia, y de censurar la tímida reprobación de la represión del régimen de Damasco por parte del secretario general de la Liga Árabe Amr Moussa, escribe: «La incomprensible actitud hacia la tragedia siria constituye una falla mayor desde el punto de vista ético y político por parte de los árabes, y especialmente los países del golfo. La Turquía de Erdogan ha comenzado a adoptar posiciones más explícitas contra las atrocidades y la obstinación del régimen de Siria, así como lo hizo previamente Francia, mientras los países árabes y los del golfo continuaron manteniendo un sorprendente silencio.
Los refugiados sirios que huyeron a Turquía de a miles han expresado su ira ante el inexplicable silencio árabe e internacional en relación a su tragedia. Yo creo que la sangre siria derramada pronto pondrá en evidencia a todo el mundo, incluyendo al gobierno de Obama, que justificó la intervención política y militar en Libia por razones morales y humanitarias, mientras cierra los ojos ante el más evidente escándalo ético y político en Siria».
No es la primera ni seguramente será la última crítica al presidente norteamericano en relación a las contradicciones de su política exterior. Por ejemplo, uno de los principales columnistas del «Washington Post», Jackson Diehl en un artículo titulado «¿Por qué Obama es tan duro con Israel y tan tímido con Siria?» (junio 19) escribe : «Una de las novedades más importantes surgidas con la Primavera Árabe ha sido el surgimiento de una nueva y más modesta política exterior norteamericana. El gobierno de Obama ha insistido en no asumir el liderazgo ni promover el cambio democrático; se ha negado a actuar a no ser que le precedan no solo los franceses y los británicos, sino también la Liga Árabe.
Todavía no se ha atrevido a decir que Bashar al-Assad, un dictador e implacable enemigo de los Estados Unidos que está usando tanques y helicópteros artillados para masacrar a su pueblo, no es la persona que puede llevar a Siria a la democracia. Pero hay una gran excepción: el conflicto palestino-israelí.
Al respecto ha explicitado su posición: a) tiene una solución detallada b) debe actuarse inmediatamente y c) no tiene importancia si las partes interesadas, israelíes y palestinos, están prontas y cuentan con posibilidades reales de llegar a un acuerdo».
«Obama el tímido repentinamente se vuelve duro cuando se llega al ‘proceso de paz’. Él ha hablado en público sobre Siria solo dos veces desde que las masacres en Siria comenzaron hace tres meses. Pero él eligió referirse explícitamente a las condiciones de los Estados Unidos para realizar conversaciones israelo-palestinas sin el acuerdo del primer ministro israelí, en la víspera de un encuentro en la Casa Blanca y con un preanuncio de solo pocas horas. Probablemente haya sido el acto presidencial más arrogante en las relaciones de los Estados Unidos con Israel desde el gobierno de Eisenhower».
Pero en honor a la verdad, Obama no es ni de lejos el único político en el mundo que actúa con discutibles pautas discriminatorias. Lamentablemente muchos de sus críticos comparten la «timidez frente a Siria» de Obama. Más aún, casi podría hablarse de una epidemia generalizada de «timidez». Por ejemplo, cabe hacernos algunas preguntas molestas.
¿Dónde está la indignación de los intelectuales, dónde las manifestaciones de los estudiantes, dónde las condenas de los académicos, dónde las pancartas de protestas ante las embajadas sirias en el mundo, dónde las cartas abiertas a la prensa, dónde la movilización de las redes sociales?
Sin el claro apoyo activo de una opinión pública mundial activa y movilizada, la Primavera Árabe podría convertirse en un invierno de muerte para vergüenza del mundo entero.
Pasividad ante la situación en Siria
28/Jun/2011
La República, Egon Friedler