Si alguien quiere apostar sobre seguro, y pecar de cínico en el intento, más vale que apueste sus maravedíes a que la nueva ronda de negociaciones entre israelíes y palestinos, lanzada con bombos y platillos en la sala oriental de la Casa Blanca el 2 de setiembre pasado, terminará en un rotundo fracaso. El problema es que, de todos modos, ganar esa apuesta nos deja con la pregunta de rigor: ¿qué alternativa hay a estas charlas?