La sangre corre para que se cumpla el terrible presagio, según el cual Irak estallará en pedazos si no hay una brutal dictadura sunita uniéndola por la fuerza. La seguidilla de masacres perpetradas últimamente parece confirmar la vigencia de ese estigma fatal. Así como también confirma la indiferencia de un mundo que prefiere seguir culpando de todo a la invasión anglo-americana, a pesar del incremento de la violencia fratricida que se dio tras la retirada de las últimas divisiones de combate de EE.UU.