En su artículo del domingo pasado, el columnista estrella del “New York Times”, Thomas L. Friedman, se refiere a varios golpes de suerte que tuvieron los Estados Unidos en el último tiempo: el fracaso de cinco atentados que podían haber ocasionado numerosas víctimas. Citando cada uno de los casos por el nombre de su fallido perpetrados, Friedman recuerda el caso del nigeriano que intentó hacer explotar un avión Delta con destino a Detroit con 278 pasajeros, el del confeso terrorista que intentó hacer estallar una bomba en Times Square, uno de los lugares más concurridos de Nueva York, el del inmigrante afgano en los Estados Unidos que pretendía inmolarse a sí mismo junto con todos los viajeros del subte neoyorquino que tuvieran la mala suerte de ser sus ocasionales compañeros de viaje y por último, los dos casos de las encomiendas con explosivos enviadas por Al Kaeda desde el Yemen con destino final a los Estados Unidos, que felizmente pudieron ser desactivadas gracias a oportunas informaciones de inteligencia.