Aquella mañana del lunes 18 de julio de 1994, Argentina fue nuevamente víctima del terrorismo fundamentalista. Dos años después del atentado a la Embajada de Israel, una bomba estallaba y derrumbaba el céntrico edificio de la AMIA y la DAIA (Asociación Mutual Israelita Argentina y Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas).