La historia que se desarrolló ante los ojos de la prensa en Egipto, cuando jóvenes armados con Facebook y Twitter lograron obligar al Presidente Husni Mubarak a renunciar tras casi 30 años de gobierno autoritario, fue cubierta como comienzo de una lucha por la democracia. Más allá de los análisis de especialistas diversos –entre ellos también árabes, musulmanes- que alegan que lo que hay de fondo es otra cosa y no necesariamente la búsqueda de la democracia, el hecho es que Occidente reaccionó como si no creyera que en “el principal país del mundo árabe”, había razones para lanzar una revolución.