Es conocido que uno de los principales argumentos esgrimidos por los autócratas de Medio Oriente para legitimizar sus gobiernos es erigirse como única alternativa frente a un Islam militante que tiene por objetivo la constitución de un estado islámico que impondría la sharía (ley divina islámica), discriminando a las mujeres, imponiendo a toda la población una vida integrista negadora de toda libertad individual. El apoyo de EE.UU. a estos gobernantes hoy vilipendiados (y especialmente el control sobre sus fuerzas armadas) tenía como principal propósito combatir cualquier actividad política, ya que la gran potencia daba por descontado que de instalarse una democracia verdadera ésta traería como resultado el acceso de los grupos islamistas al poder y consecuentemente una amenaza a los intereses norteamericanos, dadas las posturas antioccidentales de la mayor parte de estos grupos.