Cuando comenzaba la tarde del martes 17 de marzo de 1992 un impresionante estruendo invadía a la ciudad de Buenos Aires. La Embajada israelí en esa ciudad, un edificio de cuatros pisos ubicado en la calle Arroyo 910 esquina Suipacha, volaba en mil pedazos y con ella también se destruían las vidas de 29 personas, las de sus seres queridos, y la de todos aquellos que creen que la tolerancia y el respeto son la forma de solucionar las diferencias.