Acentuando su condición de perversa caricatura de caudillo político y militar, Muammar Gadafi anunció ayer por tercera vez en cuatro días un alto al fuego poco creíble, mientras sus fuerzas seguían tratando de vulnerar el enclave rebelde de Begasi, y aún resonaba en los oídos del mundo su promesa de extender la guerra a todo el Mediterráneo. El dictador libio se burló de todas las advertencias políticas y diplomáticas, y en empecinada resistencia a su fin inevitable, transformó una crisis personal en una nueva conflagración internacional.