La negación del debate es una de las características del debate español, sobre todo en algunos temas punzantes. Y si el tema es el islam, se practica la muerte del mensajero. Digan ustedes algo crítico sobre inmigración, y pedirán perdón por no ser racistas. Escriban un artículo crítico sobre islamismo, y alguien estará levantando el dedo acusador de la islamofobia. Y por supuesto existen ambas lacras, pero ni todos los críticos las practican ni todos los acusadores están libres de culpa. El caso de la islamofobia es de manual. Siempre que alzamos la voz contra musulmanes que defienden ideas intolerantes, el ejército de guardianes de la corrección política levanta su dedo inquisitorial y señala el estigma del mal. La cuestión no es debatir sobre la ideología que usa el nombre del islam para vender ideas totalitarias, sino negar que existe esa posibilidad.