Decenas de miles de personas desafiaron al régimen sirio y tomaron las calles de varias ciudades para pedir la caída del presidente Bashar al Asad, pese a la feroz represión militar de las protestas, que causó más de una veintena de muertos. En esta nueva jornada de protesta, convocada por los grupos opositores y bautizada como «Viernes del desafío», las manifestaciones se extendieron por muchas ciudades, pero los incidentes más sangrientos se registraron en Homs y Hama.