Las estrellas con las que trabaja no suelen repetir con él porque como director las arrastra hasta el límite, mucho más allá de lo que se puede pedir a un actor. Nicole Kidman o Björk son dos ejemplos. Sus espectadores de toda la vida se desmarcaron de su Antichrist, su angustiosa película del 2009. Y ahora, su festival del alma, Cannes, lo declara persona non grata. Está por ver cómo afectarán tantos reveses a la personalidad atormentada de Lars von Trier. Su patética defensa de Hitler, pronunciada durante la presentación de su filme Melancholia en Cannes, lo ha convertido en un apestado. La intelectualidad europea lo ha vapuleado por mentar lo innombrable.