Lejos de cicatrizar, ciertas y grotescas heridas del expolio nazi aún siguen abiertas. Así ha quedado claro en Austria, donde esta semana se ha desatado una tormenta político-cultural tan siniestra como la estética de su protagonista: Egon Schiele, pintor de aquella gran Viena finisecular y retratista del claroscuro como estado mental. La ministra austriaca de Cultura, la socialdemócrata Claudia Schmied, anunció ayer que acepta la recomendación del Consejo de Restitución de obras de arte expoliadas por el III Reich e instará al Museo Albertina de Viena a devolver cinco dibujos del artista a la heredera de su antiguo propietario, Karl Mayländer, marchante judío, deportado y asesinado en el campo nazi de Lodz (Polonia) en 1941.