Así como Woody Allen escribe y dirige «religiosamente» una película por año, para algunos periodistas que cubren cada edición del Festival de Cannes uno de los rituales es entrevistar -siempre en una suite del primer piso del lujoso y tradicional hotel Martínez- al ya mítico realizador neoyorquino. El motivo (la excusa) fue, esta vez, Medianoche en París , la décima película de su carrera que estrenó en el glamoroso evento que se realiza en el balneario de Costa Azul, el mismo ámbito donde presentó por primera vez varias de sus gemas: desde Manhattan hasta Broadway Danny Rose, pasando por La rosa púrpura del Cairo ; Hannah y sus hermanas, y Match Point.
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