Poco después de anunciar su renuncia al Directorio del Partido Nacional y a ser candidato presidencial (pero no su abandono a una actividad política alternativa desde el Senado), Luis Alberto Lacalle demostró que eso, exactamente, es lo que haría. Apuntó su artillería a un tema candente: el de la política exterior y en especial el de la peculiar relación que Uruguay tiene con el régimen dictatorial y ultraderechista religioso de Irán. Lacalle cuestionó la política exterior uruguaya por tener un “sesgo ideológico”, según informó Búsqueda hace dos semanas. Como ejemplo de ese sesgo habló del reconocimiento uruguayo al Estado de Palestina y analizó el acercamiento a Irán. Explicó que esa “intensa relación” estaba a su vez motivada por la “intensa relación con Venezuela”. En el Congreso Judío Mundial realizado en Israel, Lacalle dijo que había “una relación Teherán-Caracas perjudicial para América del Sur, en la cual el régimen venezolano abre el ingreso de Irán a la zona”.
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