Franz Kafka (Praga, 1883-Kierling, Austria, 1924) fue, qué duda cabe, uno de los más grandes creadores de todos los tiempos. Lo que pocos saben es que, además de escribir, dibujaba y que sus trabajos expresan, de manera sugestiva, el mismo sentimiento atormentado que define sus ficciones. Antes de morir, el escritor checo encargó a su amigo Max Brod que destruyera sus textos y se deshiciera también de los dibujos que había empezado a bocetar a los 15 años. Lejos estaba entonces de imaginar que la historia de la cultura universal le reservaría un lugar privilegiado. Su amigo y albacea, para fortuna de la humanidad, desobedeció el mandato; gracias a él sobreviven las obras literarias y los dibujos del autor de El proceso , que por estos días se publican, por primera vez, reunidos en un mismo volumen.
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