La hostilidad de manifestantes egipcios hacia Israel, evidenciada en el sangriento asalto a la embajada de ese país en El Cairo, agrega a la retrasada primavera árabe (que ya no se sabe si es primavera u otoño) otro factor ominoso de inestabilidad en el Medio Oriente. Egipto fue precursor tanto en una convivencia pacífica de algunos estados árabes con Israel como en las rebeliones populares que este año derrocaron a perdurables autócratas en el mundo islámico. La caída de Hosni Mubarak y los alzamientos que siguieron en otras naciones árabes generaron una esperanza y una preocupación. Pareció abrirse el camino a alguna forma de democracia en países que nunca la conocieron, porque pasaron del colonialismo europeo a regímenes absolutistas y represivos. Pero estas dictaduras -fueran pro occidentales o antioccidentales- generaban previsibilidad en el mapa geopolítico de Medio Oriente.