Faltaban tres minutos para el mediodía en una calurosa y encapotada Nueva York cuando le llegó el turno a Cristina Kirchner de hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. No hubo sorpresa en los tópicos que repasó durante los 25 minutos en los que improvisó sin leer, como acostumbra. Pero sí en el contenido de sus definiciones. La más impactante fue su decisión de abrir la puerta a un diálogo con Irán para intentar avanzar en el juzgamiento de los responsables del atentado a la AMIA. Esa novedad y su fuerte respaldo a la incorporación de Palestina como miembro pleno a las Naciones Unidas generaron reacciones encontradas entre los miembros de la colectividad judía que la acompañaron en esta ciudad.