Único judío en Libia abandonará el país tras manifestaciones antisemitas

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Único judío en Libia abandonará el país tras manifestaciones antisemitas

Único judío en Libia abandonará el país tras manifestaciones antisemitas

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El único judío que está en Libia, el psicoanalista italiano David Gerbi, abandonará mañana, martes, su país natal para descomprimir las tensiones que generaron manifestaciones antisemitas en Trípoli y Benghazi, incluido un intento por irrumpir en su hotel para sacarlo de allí por la fuerza. Gerbi había regresado a Libia días atrás, después de casi 45 años en el exilio, para reabrir la sinagoga Dar Bishi de la capital y recuperar la vida judía en esa nación y ya había sufrido otros amedrentamientos.

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Un descanso para el judío errante

Un descanso para el judío errante

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El relato cuenta que el judío errante fue condenado a recorrer interminablemente el mundo, sin descanso, cargando una culpa tan pesada que nada ni nadie lo liberaría de ella, hasta una nueva venida de Jesús, a quien supuestamente negó un momento de descanso en la puerta de su taller cuando éste cargaba la cruz por la Vía Dolorosa de Jerusalén. El judío errante es, por supuesto, una figura legendaria, una construcción literaria de la Edad Media y también una justificación. Las leyendas como esta arrastran una carga simbólica muy fuerte, capaz de perdurar y adquirir nuevos sentidos frente a realidades cambiantes. Nos dice, entre otras cosas, que el judío errante es el otro, el ajeno, el que no pertenece ni pertenecerá nunca, porque un día se irá o será empujado a irse, según el caso. Y ese simbolismo se renueva una y otra vez, como el personaje del mito.

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La pluralidad secular de Medio Oriente, en peligro

La pluralidad secular de Medio Oriente, en peligro

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Uno de los momentos más hermosos y prometedores de las protestas populares que terminaron derrocando a Hosni Mubarak fue aquel fin de semana en que, el viernes, los manifestantes cristianos de la plaza Tahrir protegieron los rezos de sus hermanos musulmanes y, el domingo, los musulmanes hicieron lo mismo con los de los cristianos. Se dibujaba así el sueño de un Egipto democrático en el que pudieran convivir pacíficamente todas sus confesiones religiosas. Los sangrientos sucesos de anteayer, en El Cairo, confirman que aquel sueño va a ser de difícil, muy difícil, realización.

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