Ayer, de madrugada, en París unos encapuchados tiraron proyectiles contra las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo, en el número 62 del bulevar Davout. Un molotov entró por la ventana y empezó el incendio. Las llamas lo han devastado todo y el local ha quedado inservible. Previamente había habido amenazas en Twitter y en Facebook, y unos hackers habían entrado en la web de la revista. ¿El motivo? Que en el número de esta semana Charlie Hebdo habla de las elecciones en Túnez, que han tenido como resultado la victoria de los islamistas moderados. ¿Qué puede haber indignado a los fanáticos? Pues que el editorial lleva por título «Aperitivo halal». O que, sobre la cabecera de Charlie Hebdo, han puesto una franja roja donde se lee «Charia Hebdo», siendo charia la palabra francesa por charía, la ley islámica que regula las actividades públicas y privadas de todo musulmán y que pasa bastante de los derechos del hombre y de la mujer. En esta misma franja se explica que esta semana, por los motivos indicados, Mahoma es el redactor jefe invitado. Mahoma, evidentemente, aparece en primera plana: con turbante, simpático y sonriente mientras dice: «Cien latigazos si no te mueres de risa».
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