En 2009, Jafar Panahi –el cineasta iraní más famoso después de Kiarostami– participó de las movilizaciones por la muerte de un joven manifestante en las calles, durante las protestas contra el fraude que habría llevado a Mahmud Ahmadinejad a la presidencia. Poco después, junto a su colega Mohammad Rassoulof, fue detenido, condenado a seis años de prisión, con la prohibición de filmar, escribir guiones y viajar al extranjero durante los siguientes veinte años. Sin embargo, el año pasado llegó a Cannes una nueva película de Panahi: Esto no es una película. La sorpresa fue doble cuando se supo que había salido de Irán en un pendrive escondido dentro de una torta. El documental retrata un día en la vida del director recluido en prisión domiciliaria, a la espera de otra condena por el cargo de filmar “contra el régimen”. Ayer se estrenaba en el Festival de Mar del Plata.
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