No a tiros, sino de nervios es la guerra que Benjamin Netanyahu habría desatado contra Irán en los últimos días. Y también la habitual batalla interna de la política israelí. Habría que penetrar en las mentes del jefe de Gobierno y su ministro de Defensa Ehud Barak, antiguo presidente del laborismo, para poder llegar al fondo de la cuestión, y eso es precisamente lo que hizo el pasado 28 de octubre el príncipe de los periodistas nacionales. Nos abrió las mentes de la pareja y nos dijo que son un par de locos dispuestos a una guerra de consecuencias apocalípticas. Pero los pobres no habían dicho nada y es poco creíble que el dos veces primer ministro y el que había sido su predecesor y antes brillante jefe de las Fuerzas Armadas se hallen en tan lamentable situación mental, lo que no obsta para que la izquierda, tan implacable como en cualquier país con entornos mucho más sedados, se abalance sobre el asunto.