La Football Association (FA) regula el fútbol inglés desde 1863 y no siempre ha sido tan rigurosa respecto a la discriminación. Ocurre que mayoritariamente la opinión pública, en Gran Bretaña y en buena parte del mundo, asume que la discriminación es una peligrosa lacra social de consecuencias nefastas y no admite demasiadas bromas al respecto. Esa convicción civilizatoria, más o menos profunda y con énfasis muy diversos, también ha ido permeando la cultura empresarial y definiendo tendencias en el mercado. Una de las expresiones de ese proceso es la atención que ponen las empresas a evitar el riesgo de resultar asociadas a conductas condenables. Sea o no el reflejo de convicciones profundas, esa preocupación va conformando una cultura de respeto a los derechos civiles y tiene consecuencias económicas. Dentro y fuera de las empresas.