Mientras los MIGs de Khadafi masacraban a las multitudes reunidas en Trípoli en febrero de 2011, al inicio de la revolución libia, los dos líderes «revolucionarios» latinoamericanos, Fidel Castro y Hugo Chávez, le daban su total apoyo y solidaridad al tirano. Khadafi era un «amigo» y un «revolucionario», como repitió incansablemente Chávez. Se trataba de una confabulación imperialista para apropiarse del petróleo libio martillaba Castro (como si Khadafi no hubiese hace años abrochado multimillonarios acuerdos con las multinacionales británicas, francesas, italianas, chinas y rusas, entre otras). Ahora, con la última masacre perpetrada en Siria (obuses y morteros contra edificios de departamentos llenos de civiles en Homs), la solidaridad castro-chavista no aparece directamente en boca de los dos líderes, pero sí en sus medios de propaganda (agencias «periodísticas»), como la cubana Prensa Latina y la Agencia Venezolana de Noticias.