A pesar de la tendencia mundial hacia la abolición de la pena de muerte, el número de ejecuciones aumentó de forma alarmante el año pasado en los países que aún la practican. Así lo denuncia el último informe de Amnistía Internacional (AI) que se hace público este martes. La organización ha documentado 676 homicidios judiciales (frente a 527 en 2010), aunque el informe Condenas a muerte y ejecuciones 2011 no incluye los miles que cree que se llevaron a cabo en China y que este país mantiene en secreto. Tampoco muchos de los que se sospecha ocurren en Irán, el país responsable de más de la mitad de los ajusticiamientos registrados y que junto a Arabia Saudí, Irak y Yemen concentran el grueso del total. Estados Unidos se convirtió en el único miembro del G-8 que ejecutó a presos en 2011 (un total de 43), ya que por primera vez en 19 años Japón no llevó a término ninguna pena.