Lo más fácil y lo más hipócrita en este caso escandaloso es atribuir sólo a veinte o treinta imbéciles, forajidos, pobres diablos, que se llaman desadaptados (en otro país, neonazis) sin probablemente saber siquiera qué es ni qué fue el nazismo. Pero ellos no son más que la avanzadilla más repelente de una cultura de la antigua tradición de la intolerancia que repite con odio consignas, del peor pasado del mundo moderno cuando se impusieron en Alemania las hordas hitlerianas responsables de uno de los holocaustos más trágicos de la historia de la humanidad.