Los casos de niñas en edad escolar presuntamente envenenadas por los insurgentes talibanes figuran a menudo en los titulares de la prensa en Afganistán, pero faltan pruebas. En tanto, la histeria colectiva se apodera de los ciudadanos. La semana pasada, un presunto «ataque» contra una escuela de niñas en Tajar, una provincia del norte del país, terminó con 120 alumnas en el hospital, muchas de ellas después de desmayarse, otras quejándose de dolores.