En el pequeño poblado sureño de Azaziya, habitado casi exclusivamente por cristianos, pocos dudan de que en las elecciones presidenciales egipcias del fin de semana prácticamente todo el mundo votará por Ahmed Shafiq, el último primer ministro y viejo amigo del líder derrocado Hosni Mubarak. La candidatura de Shafiq ha consternado a muchos egipcios que creen que el veterano de la era de Mubarak preservará el autoritarismo del antiguo régimen. Pero incluso si algunos cristianos comparten esas reservas, ven como alguien mucho peor a su rival en la contienda: Mohamed Morsi, de la Hermandad Musulmana, que la minoría cristiana de Egipto teme convierta al país en un estado islámico.