Las gestiones diplomáticas de Naciones Unidas y la condena mundial han fracasado en abatir las atrocidades con que el presidente sirio Bachar al Asad masacra hasta a niños pequeños en sus intentos de reprimir el levantamiento de una población harta del yugo dictatorial. El eslabón más reciente en la cadena sanguinaria de Al Asad fue el asesinato de por lo menos 116 personas, incluyendo 32 niños y una mayoría de mujeres, por fuerzas del régimen en la localidad de Houla, en el centro del país. La masacre, que dejó además unos 300 heridos, fue un nuevo quebrantamiento gubernamental del cese del fuego que había negociado trabajosamente Kofi Annan, ex secretario general de la ONU enviado por esa organización y la Liga Árabe para mediar en la guerra civil siria.