A primera vista Irán parece ser una potencia intimidante. Una revolución islámica consolidada; un plan nuclear militar en pleno desarrollo contra viento y marea y desmedidas ambiciones regionales por controlar parte de la primavera árabe. Sin embargo, al igual que la carrocería de un auto bien pintado por arriba pero corroído en su chapa, las fisuras comienzan a aparecer.
A más de 30 años de la revolución que iba a llevar a la gloria a Irán y su población, la sociedad iraní sufre el destaste del tiempo y de su aislamiento.