Hace tres años, las encuestas regionales de opinión mostraron que los líderes más populares de Oriente Medio fueron el líder de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah, el presidente sirio, Bashar al Assad, y el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Con la primavera árabe, la opinión pública regional se ha desplazado hacia dar prioridad a los derechos civiles y las reforma democráticas. Hoy en día, Assad es vilipendiado, al gobierno de Ahmadinejad se lo acusa de violenta represión a los manifestantes pro-democracia, y tanto Hezbolá como Irán están condenados a continuar respaldando a Assad aunque él mate a su propia población. Como resultado de ello, Hezbolá ya no es el movimiento popular que una vez fue en el mundo árabe y musulmán, pero sigue siendo una fuerza muy eficaz y fuertemente armada. Y, en política, como Maquiavelo señaló, es más importante ser temido que amado.
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