La bomba que estalló el miércoles pasado durante una reunión de seguridad en Damasco (Siria) y mató a tres altos funcionarios del régimen, entre ellos el cuñado del presidente Bashar Assad, ha sido hasta el momento el golpe más duro a la dinastía gobernante en ese país y el más audaz de los ataques rebeldes en la guerra civil. La explosión se produjo durante una reunión de ministros del gabinete y altos funcionarios de seguridad en la capital, donde se enfrentan los insurgentes y las tropas gubernamentales desde hace cuatro días, informó la propia televisora estatal siria.