Los denodados esfuerzos y el interés manifestado por Rusia y China continúan con ímpetu para mantener fuera del tablero político militar a EE UU y a Occidente en lo que se refiere a su influencia en Oriente Medio. Así, ambos pretenden tomar beneficios de sus empantamiento pasados en el mundo árabe. Sólo este elemento está manteniendo al régimen del presidente Asad en el poder. Sin embargo, estadounidenses y europeos asignan a una cuestión de tiempo la caída del régimen. Mientras, Turquía, Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos brindan apoyo económico, logística, armas y combatientes a la oposición Siria tratando de dirimir cuál de ellos será el polo de poder que ejerza supremacía en la futura Siria sin Asad y gobernada por suníes. Irán sigue siendo el socio relevante de Damasco. Si el régimen se derrumba, se quebrará el foco de poder chií afín que incluye al Hizbulá libanés, el Baaz sirio y otros grupos armados que controlan regiones en Irak y Afganistán.