Observamos con preocupación los eventos en Siria. Casi de más está decir que la caída de un déspota como el Presidente Bashar el-Assad siempre se vislumbra como algo auspicioso y aquí parece sin duda sólo cuestión de tiempo hasta que se pueda decir formalmente que terminó su régimen. Pero es casi imposible festejar a pesar de que la cruenta violencia de los últimos meses fue la antesala perfecta de un momento en el que se pueda decir “al fin se fue…el sangriento dictador ya no está”.