Los Juegos Olímpicos cuentan en su historia moderna con otras historias personales que nada tienen que ver con las alegrías que da el deporte. El boicot de los países de la Unión Soviética en contra del embargo de Estados Unidos a Cuba o de la invasión de Grenada, disputas entre federaciones por problemas políticos o territoriales… Pero también aparecen en su palmarés historias trágicas, motivadas por el fundamentalismo de personas intolerantes que han utilizado este acontecimiento de difusión mundial para causar dolor y muerte. Fue el caso de los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, que estuvieron teñidos por el asesinato de un grupo de atletas israelíes por la acción terrorista de una facción palestina radical.