El mundo contempla con evidente sorpresa la insólita discusión entablada públicamente en Israel sobre si atacar o no a Irán. Parece demencial y suicida: un pequeño país de siete millones de habitantes, de los cuales más de un millón son árabes, podría lanzarse contra un poderoso país petrolero de 78 millones de habitantes. ¿Es real la discusión o se trata de una estratagema para presionar a Estados Unidos y a la Unión Europea a frenar con medidas reales y efectivas a la teocracia iraní en sus amenazas nucleares? A esta altura del debate ya quedan pocas dudas. El debate no es académico en absoluto. Tan real es, que hasta el presidente Shimon Peres, cuyo cargo simboliza la unidad del país y que por lo tanto suele abstenerse de entrar en discusiones políticas, consideró necesario intervenir. Y su opción es no atacar. El veterano político, que ha actuado en la vida pública desde los albores del estado, ha dado una serie de razones de las cuales la más importante es que Israel no puede darse el lujo de entrar en conflicto con los Estados Unidos.