Hace años que en su lucha por no olvidar el sufrimiento de los judíos en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, la Fundación para la Memoria de la Shoah abrió su Memorial en el barrio parisiense del Marais. En él mantiene vivo un recuerdo colectivo que ha tardado décadas en construirse en un país que entonces se partió en dos entre el régimen colaboracionista de Vichy y la Francia Libre del general De Gaulle. Pasados casi 70 años desde el fin del conflicto, el homenaje se desplaza al fin in situ, a uno de los lugares más simbólicos de la persecución: el campo de internamiento de Drancy, situado a apenas 15 km al norte de París. Por él pasaron la gran mayoría de los 76.000 judíos de Francia deportados a los campos de exterminio nazis. El presidente de la República, François Hollande, inaugura hoy el Memorial de la Shoah de Drancy, situado frente al antiguo campo, que actualmente sirve de vivienda social.
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