En el siglo XV lo que hoy llamamos España era un país en un doloroso parto, una maraña de conflictos sociales hijos de un feudalismo en decadencia y un visionario sentido de religión universal. El año 1492 aparecía como un buen año para reunir en esta tierra a todos sus habitantes, vencedores y vencidos, para crear lo que pudo ser la España «grande y libre» que regímenes dictatoriales del siglo XX invocarían ya en vano…