Desde el año 2001, Al-Qaeda no ha podido montar exitosamente ataques dentro del territorio de los Estados Unidos, pero han surgido varios admiradores jihadistas que han buscado imitar sus hazañas terroristas a escala más modesta o que han decidido unirse a la organización islamista. Tal fue el caso de Nidal Hasan (mató a trece soldados en Fort Hood al grito de “Alá u akbar” en el 2009), de Najibullah Zazi (quiso hacer estallar un subte el mismo año), de Faisal Shahzad (procuró activar una bomba en Times Square en el 2010) y de Richard Reid (intentó explotar un avión en 2001 con una bomba oculta en sus zapatos). Si estos sujetos proliferan, los estadounidenses tendrán serios problemas.