Israel y la cuestión palestina se han convertido este viernes en una vara de medir las diferencias entre el nuevo presidente iraní, Hasan Rohaní, y su predecesor, Mahmud Ahmadineyad. Dispuesto a aprovechar hasta su último minuto en el cargo, el jefe del Gobierno saliente ha utilizado el Día de Jerusalén para repetir su conocida retórica de cuestionar el Holocausto, acusar a Occidente de apoyar ciegamente a Israel a pesar de su ocupación de tierras palestinas y anunciar una inminente intervención divina para acabar con esa injusticia. Rohaní, que será investido este fin de semana, se ha mostrado más prudente.