“¿Hay algo más satisfactorio que enseñar a escribir a los tuyos en su propio idioma?”, exclama Abdel Salam Wahali. Es profesor de tubu, una lengua milenaria que experimenta un auténtico auge en la Libia posterior al régimen de Muammar Gadafi.
“Las clases son de 5:00 a 7:30 de la tarde porque los niños van al colegio por la mañana”, explica Wahali a IPS en la escuela de Murzuq, una ciudad a unos 800 kilómetros al sur de Trípoli, capital del distrito del mismo nombre.