A mediados de los años 20 del pasado siglo el fútbol austriaco era el más potente en Europa, una referencia que estaba poniendo las bases para una selección que una década después se iba a ganar el apodo de Wunderteam (equipo maravilloso). En un mundo en el que la cuestión judía latía cada vez con más fuerza, un equipo de jugadores hebreos se iba a convertir en el campeón de Austria en 1925 y, para los que le vieron jugar, uno de los que cambió la historia de su deporte. Su nombre era Hakoah (Fuerza en hebreo), jugaba de blanco y azul, como los colores de la bandera de Israel, y cosían la estrella de David en sus camisetas lejos de saber que años después Adolf Eichmann iba a hacer de ese distintivo una brutal marca racial. Los equipos de judíos surgían en las grandes ciudades centroeuropeas con nombres de referencias a la historian de su pueblo: Hagibor (Héroes), Bar Kochba (el líder de la revuelta del año 132 que creó un estado judío independiente de Roma que resistió tres años bajo su reinado).