La gente tiene una memoria muy frágil. Solo así se explica que en las informaciones de prensa sobre las nuevas acusaciones acerca del presunto asesinato de Yasser Arafat nadie recuerde que Suha Arafat se negó a permitir, poco después de la muerte de su marido en noviembre de 2004, a que se haga la autopsia del cadáver.
Del mismo modo parecen haberse borrado de la memoria colectiva las escandalosas negociaciones de la viuda con la Autoridad Palestina respecto al destino del dinero “administrado” por el líder fallecido en nombre del pueblo palestino.