El grupo terrorista Hamas ejecutó recientemente a 18 palestinos acusados de colaborar con Israel. ´Son traidores y merecen morir´. No han sido los únicos. Por supuesto, sin un juicio previo, ni presentación de pruebas en su contra, ni derecho a defenderse. Hannah Arendt explica muy bien cómo las purgas y la culpabilidad por asociación sirven a los totalitarios para atomizar y aterrorizar a los individuos y conseguir así su adhesión ciega al movimiento. En ningún país árabe se ha producido hasta hoy una corriente de indignación al respecto. Un hecho que llama especialmente la atención si se compara con la reacción de determinados sectores de la población israelí, ya que trescientas mil personas salieron a las calles de Tel Aviv en su día denunciando las matanzas de Sabra y Chatila, donde murieron más de ochocientos palestinos. Con sus muchas carencias, probablemente el estado de Israel sea al fin y al cabo lo más parecido a una democracia que existe en Oriente Próximo. Sin embargo, se proclama reiteradamente que Israel es culpable de genocidio.