Lejos de la exposición que tenía Bin Laden, la vida del terrorista más buscado del mundo está rodeada de incógnitas; hay incluso quienes dudan de que el autoproclamado califa de Siria e Irak siga al frente del grupo
Lejos de la exposición que tenía Bin Laden, la vida del terrorista más buscado del mundo está rodeada de incógnitas; hay incluso quienes dudan de que el autoproclamado califa de Siria e Irak siga al frente del grupo
El pasado 30 de abril se cumplieron setenta años desde que Adolf Hitler se suicidara en su bunker en la asediada y destruida ciudad de Berlín. Siete décadas más tarde Occidente lo recuerda como el peor diablo que podría haber engendrado la sociedad contemporánea del siglo XX. El legado macabro de Hitler refleja que los occidentales no están exentos de desarrollar totalitarismos, y más extensivamente, sentimientos antiliberales, antirrepublicanos como también, paradójicamente, antioccidentales. Hoy en día, su influencia generalmente se asocia con grupos reducidos de neonazis e individuos. Lo que no es tan conocido sin embargo, es que la figura de Hitler le dio a una importante parte de la dirigencia árabe un ejemplo a seguir, un modelo de Estado a imitar, y naturalmente, una tendencia autoritaria con la cual gobernar.
En 1947, la ONU votó la partición del Mandato Británico en Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe. Los judíos aceptaron la partición y declararon la independencia el 14 de Mayo de 1948, sin embargo en Israel se conmemora según el calendario hebreo, siendo así que este año lo conmemoró hace pocas semanas.
Un funcionario de inteligencia israelí denunció que cerca de 200 pueblos libaneses se convirtieron en «fortalezas militares» de la organización chiíta.