A 21 años del atentado a la AMIA y a 6 meses de la muerte, que no fue aclarada, del fiscal Alberto Nisman siguen los climas enrarecidos, las disputas entre distintos sectores que dicen representar a las víctimas, las chicanas políticas, la adhesiones o los rechazos al Gobierno kirchnerista, como si todo eso fuera el foco principal de la gran cuestión. Pocos se ponen de acuerdo en qué hacer frente a los hechos, que reflejan impunidad, arbitrariedad y hasta sadismo desde el poder, desde la Justicia y desde las fuerzas de seguridad que participaron en su momento.