Cuando empezó este nuevo yihadismo, es decir, los atentados individuales o de grupos pequeños, aparentemente desconectados de organizaciones, se habló del concepto de lobo solitario. Se aplicó al atentado en el maratón de Boston, de los chechenos Tsarnáyev. También al apuñalamiento de un policía en Londres, y así al resto de los actos yihadistas que se iban cometiendo. El atentado de Charlie Hebdo cambió el concepto, porque se trataba de una acción terrorista coordinada y planificada, y con los atentados de París ya nadie habla de lobos solitarios. Y ello es certero, porque ni un solo acto terrorista de esta ideología totalitaria está desconectado, incluso cuando nace en la oscuridad de una voluntad solitaria.
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