Ha pasado un año desde aquel fatídico 18 de enero, cuando se encontró el cuerpo sin vida del fiscal Alberto Nisman en su departamento de Puerto Madero con un tiro en la sien. Estaba prevista su presencia en el Congreso argentino, justo un día después, para presentar las conclusiones de su denuncia por el encubrimiento a Irán al Gobierno presidido por Cristina F. de Kirchner. Un año que ha convulsionado la vida política de un país que ha tenido que asistir perplejo al enésimo capítulo de un asunto inscrito en la historia de Argentina como uno de los más luctuosos y violentos: el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires el 18 de julio de 1994, que acabó con la vida de 85 personas.