En este comienzo de año 2016, debo hacer una declaración triste. Entre los intelectuales que no son judíos, soy uno de los pocos en Francia que defienden a Israel con claridad, rotundamente y sin ambigüedades. Sólo tengo que mirar a mi alrededor para entender mi casi soledad por defender a Israel, en Francia, y lo más importante, hacerlo de forma explícita e inequívoca, cuando no se es judío, no despierta mucha simpatía en los círculos de la cultura, la academia, la edición y los medios de comunicación.