«Los mayores descubrimientos en la historia de la ciencia no los lograron investigadores que querían solucionar un problema. Lo que les motivaba no era la utilidad práctica, sino la pura curiosidad». Para Daniel Zajfman, ésta es la clave que explica el éxito meteórico del Instituto Weizmann de Israel, uno de los centros de investigación más prestigiosos del mundo. Desde hace casi una década, este astrofísico de origen belga lleva las riendas del buque insignia de la ciencia israelí, cuyos investigadores trabajan «con total libertad», sin estar obligados a explicar la utilidad práctica de su trabajo para justificar los fondos que reciben.
Ver nota completa